
La mujer históricamente ha cargado con la explotación que significan los quehaceres domésticos. El sistema y nuestra historia, se ha encargado de adjudicarles sólo a ellas este trabajo que paradójicamente, al ser el más duro no es $remunerado$. Es más, desde niñas la sociedad nos empieza a meter en la cabeza esta supuesta obligación que nos corresponde por el sólo hecho de ser mujeres.
Si abrimos un poco los ojos podemos observar como los mensajes machistas se fueron instalando en nuestros subconsciente con canciones infantiles (..que sepa coser, que sepa bordar..), dichos populares (..mujer virtuosa, nunca está ociosa..) y la tan poderosa publicidad que desde siempre ha visto en nuestra imagen el mejor gancho para el consumo masivo y nos ha puesto junto a ollas, planchas y escobillones con rostros de extrema felicidad (como si fuesen esos los objetos que llenan nuestras vidas) Esos avisos que bombardean nuestros televisores y calles, son vistos y procesados por las pequeñas mentes de nuestrxs hijxs y más tarde serán ellos mismos, quienes continuarán con esta cultura del sexismo. Bajo este rol impuesto, se esconde una forma de explotación y nosotras ya no sólo somos las víctimas, sino que nos hemos vuelto su mayor cómplice. Porque las dueñas de casa, generalmente, no se cuestionan este abuso tan instalando en los países tercermundistas y nos conformamos con escuchar que si siempre ha sido así, para qué cambiarlo. Además, frecuentemente podemos escuchar de sus bocas que “No lo hago por mí, lo hago por mi casa, por mis hijos”. Pues no nos cabe duda, es impensable mantener a lxs niñxs en un hogar sucio o desordenado, pero ¿Por qué esto se ha vuelto sólo nuestro deber y no de todxs lxs que habitan la casa? Nuestra idea como mujeres es iniciar desde el hogar la recuperación de nuestra dignidad e igualdad en todos los ámbitos ¿A qué nos referimos con esto? A que instruyamos en nuestros hogares un cambio en la mente de la familia. Hay que terminar con la imagen del papá viendo televisión y la mamá (igual o más cansada) atendiéndolo. Porque el hombre trae el dinero, el hombre se esfuerza, el hombre trabaja ¿¡Qué acaso la mujer no!? Enseñémosles a nuestrxs hijxs, a nuestras parejas y luego a todas las personas que una organización colectiva y solidaria debe ser la única regla que rija nuestra casa respecto al trabajo doméstico (o sea, cuando todxs ayudamos). Es lo mínimo que podemos hacer para terminar con las cadenas que por siglos han atado a nuestro género a la cocina. Nada se genera solo, por lo tanto es indispensable adquirir el compromiso de mujeres y hombres que viven con nosotras. Basta de tanta humillación y pasividad! No le dejemos a lxs que vienen esta tradición que nos ha perseguido y basureado toda nuestra vida. Hacemos un llamado al barrio y sobre todo a nuestras valerosas mujeres, a que despierten, se levanten y luchen! Nunca es tarde para la conciencia y menos, si tiene que ver con el respeto a una misma.
1 comentarios:
JURO QUE LO OÍ DECIR
«Salvo en una sociedad completamente justa,
lo mejor de la vida
es ser jefe.»
Tomado de:
Roque Dalton, "Un libro levemente odioso".
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