Por tanto cuchillo de palo en casa de herreros, por tanto pan quemado en puertas de horno, por tanta boca abierta tragando moscas, por tanto ladrido sin llegar a mordisco, por tanto hábito no haciendo monje, por tanta culpa hechada al empedrado, por tanto pez muerto por la boca, por tanta paja en el ojo ajeno -y tan poca viga en el ojo propio- por todo esto, y por tantas otras astillas de tales palos es que me acurruco como un ratón a punto de ser atrapado. Y pido respiro, un respiro frente a tanta hipocresía!